Había una vez una niña llamada Crisis. La pequeña había
andado perdida durante mucho tiempo de aquí para allá, hasta que un día cansada
de llegar a todas partes sin asentarse decidió llamar a la puerta de un lugar
llamado España.
No hizo más que asomar la cabeza a ese sitio y fue recibida
con los brazos abiertos por unos personajes grandes, trajeados, muy amables
pues regalaban sobres llenos de dinero, y debían de ser muy reconocidos algunos
tenían su figura en el museo de cera.
Tan solo acababa de llegar y Crisis ya se estaba haciendo
cada vez más grande, gracias a sus nuevos “amigos”. La niña estaba emocionada y
no salía de su burbuja de conquista y superación.
Un día cualquiera, aburrida de la monotonía decidió dejar la
cúspide y hacer una visita a la España obrera pues no sabía qué había más allá
de todo aquel parné. No lo podía creer, había familias dejando sus casas porque
ella ¿las había echado?, niños sin escuelas porque ella ¿se las había quitado?...
pero qué estaba pasando si sus amigos los de arriba la engrandecían y alababan,
para ellos todo estaba estupendamente. Ese día no solo conoció a gente
moralmente abatida, también notaba que en cada rincón de España, algo zumbaba y
zumbaba en sus oídos, algo muy fuerte que le producía un dolor terrible de
cabeza y le hacía sentir muy incómoda, era como una mosca cuyo zumbido tenía
permanentemente en sus oídos… ni más ni menos que los gritos de esos obreros
que querían acabar con ella y no pararían de alzar la voz hasta que Crisis no
se marchara de allí. Volvió corriendo a la cúspide a informar a sus “amigos” a
lo que estos le respondieron que no tuviera miedo, sólo tendría que taparse muy
muy fuerte los oídos, eso es lo que habían hecho ellos mucho tiempo; la voz de
aquellos obreros y obreras era cada vez
más potente…….
“Tú tienes el poder de
escribir el final, pero solo si lo escribimos entre todos conseguiremos un
cambio realmente humano, y el acabar el cuento será en todos nosotros un gran
comienzo”.

No hay comentarios:
Publicar un comentario