lunes, 2 de diciembre de 2019


Arde en el pecho la incertidumbre del mañana,
Arde como las ascuas de una chimenea que perdura en los días de invierno.
Arde el sentimiento de culpa que me han instaurado
como la leña de encina que mantiene caliente el hogar del patriarcado.
Arde aquel recuerdo que me atormenta en la cama.
Arde la ilusión de un paseo que se convierte en carrera quemada.
Arden los pies, las manos, las alas… que ahora son rabia y arde el alma.
Arden las pestañas y mis lágrimas ahora son agua hirviendo sobre una huella de sangre en el suelo.
Arde mi ropa porque dicen que es poca.
Arde la noche que me presentan prohibida.
“Y la culpa no era mía, ni donde estaba ni como vestía”


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